Esperanza para sanar

Hablar de esperanza en los tiempos actuales suena, en el mejor de los casos, a romanticismo sin fundamentos. La palabra esperanza tiene dos significados: “el primero implica convicción, y se da cuando parece probable que vaya a producirse el resultado que preferimos”.

El segundo significado concierne al deseo y surge cuando te preguntas qué te gustaría que suceda en el mundo, tu vida o tu situación. Es este tipo de esperanza la que pone en marcha nuestro viaje: saber lo que esperamos y lo que nos gustaría o encantaría que aconteciera.

Aquello que pensamos y decidimos acerca de la esperanza es lo que resulta decisivo. Una mirada es negativa y pasiva en la que esperamos que agentes externos sean los que resuelvan todo. En el otro caso nuestra respuesta es positiva y activa, siendo nosotros los que producimos los cambios hacia lo que nos gustaría ir.

Reiki es una práctica que hacemos, más que algo que tenemos. Es un proceso que podemos aplicar a cualquier situación: no requiere de optimismo por nuestra parte, podemos aplicarla incluso en ámbitos en los que estamos desesperanzados.

La fuerza orientadora es la intención, elegimos lo que nos proponemos ocasionar, favorecer o expresar. En vez de pasar a la acción sólo cuando nos sentimos esperanzados, nos centramos en nuestra intención y dejamos que nos guíe.

Esta es una de las claves de reiki que no muchos saben. Quizá sientas que es necesario que algo pase desde lo externo, sin antes darte cuenta que todo lo que tiene que venir, proviene de tu ámbito personal, donde la intención que proviene de la esperanza positiva, es lo que más importa.

Un rumbo mejor

Conscientes de que estamos en un tiempo de mutación, reiki mueve las energías más profundas de nosotros mismos y de nuestra Tierra. Si buscamos en nuestras propias raíces encontraremos la vitalidad que necesitamos y pondremos en marcha un proceso de armonía en todos los aspectos de la vida.

Sabemos de la gran importancia que tiene el sentirnos arraigados, perteneciendo en cuerpo y alma al lugar donde vivimos. Los desequilibrios y malestares provienen, en parte, de nuestra falta de eso que llamamos “identidad”.  En esta parte del mundo estamos mal, en parte, por una carencia grande de falta de amor por nuestra tierra, lo que es lo mismo que decir falta de amor por nosotros mismos. Si no nos respetamos, nadie nos respetará.

Somos del planeta, sí. También somos ciudadanos planetarios, sí. Que todos somos hermanos, por supuesto. Somos de esta tierra, también. Ser de un mundo en teoría sin diferencias, no deja de ser una teoría más, que busca desconectarnos de la auténtica realidad, malgastando el tiempo de nuestra propia vida en seguir con un mundo aparente que sólo es un espejismo, mundo al que no elegimos ni fuimos invitados a participar, salvo de las pérdidas, llámese catástrofes ecológicas, reciclar lo que nosotros no producimos, etc. Sólo nos obligan a ser consumidores y a pagar las cuentas que nos insisten que tengamos. Perdón? Ese mundo no lo elegí.

Queremos convencernos de que estamos bien, pero no lo estamos: estamos cansados, con poca vitalidad, sentimos que no podemos seguir así: el cambio climático es visible, las desigualdades comunitarias siguen iguales, sea con el sistema económico que sea. No confiamos en ningún líder, estamos solos, en el más profundo sentido del término. Este mundo, así como está, no nos representa en lo más mínimo.

Por eso, con un realismo optimista acerca de nuestros actos como raza humana, se que es tiempo de hacernos a la idea de que tenemos que construir por nosotros mismos, la vida que queremos.

El mundo mercantil y del consumo está terminado. No lo puede sostener el planeta ni nosotros mismos. Es el momento de sanar las heridas de una época perimida, con un objetivo: el que nunca más vuelva la frustración, por perseguir metas de otros, a cuyos resultados no hemos sido invitados.

Una de las razones de nuestras crisis permanentes, tiene que ver con la falta de identidad: sentimos como que somos nuevos pueblos, pero no lo somos. Que tenemos que copiar a quienes suponemos les va bien, porque “parecernos” es mejor que “ser nosotros mismos”. Mientras, en esa búsqueda frenética de no se sabe qué, se masacran las emociones de todas las generaciones, siendo que una de las posibles salidas, está al lado nuestro. Pesada herencia de alguno de los pueblos que conformaron nuestras creencias.

Te podrás dar cuenta que, al estar en sintonía con el lugar donde vives, tu comprensión se abrirá hacia dentro tuyo y hacia cada persona que tengas delante, ayudando en la disminución del clima de insatisfacción y violencia que nos rodea, pero que antes existe dentro de uno mismo.

Dicha apertura provocará un sinfín de cambios que tienen que ver con tu bienestar, tu renovación de la energía personal, tu mayor protección frente a eventos externos y personas negativas, el alivio de tus problemas, en definitiva, la llegada de la tan ansiada armonía a todos los días de tu vida.

Necesitamos de ti, de tus dones del corazón, de tu sabiduría interior, para hacer de nuestra tierra un lugar perfecto para habitar, en paz y alegría, en salud y belleza, haciendo de los nuevos desafíos de los tiempos, una oportunidad para tu vida, que aun espera.

ReiKiSud Claudio Márquez, un estilo de reiki comprometido con tu bienestar.