La espiritualidad de hoy

“Deja de hacer el mal, aprende a hacer el bien. Conócete a ti mismo. Purifica tu mente. No lastimes a nadie con palabras o acciones. Sé moderado con la comida. Vive en soledad interior y busca la conciencia más profunda”. En relación con la espiritualidad todas las religiones tienen un territorio común que es la búsqueda y  descubrimiento de ese tesoro interior que se esconde dentro de cada uno de nosotros. Cada una de ellas nos proporciona recursos que nos permiten mirar dentro de nosotros para conocernos y desarrollar nuestro mejor potencial de amor y paz.

El misticismo se basa en la experiencia de la Realidad Última, Divinidad, Espíritu o como sea que lo llamemos. No está mediada por la fe, las creencias o la dependencia de algún tipo de sacerdocio sino que se trata del acercamiento de la persona a la Divinidad a través de su propia experiencia interior. Se trata de un compromiso de la persona con el camino místico en su vida que la puede llevar a su crecimiento espiritual y eventual transformación.

La contemplación es una práctica espiritual de carácter meditativo; es también parte del proceso místico en la cual se reciben, sin esfuerzo alguno, los dones divinos: experiencia y consciencia directa de lo Divino, conocimiento  metafísico, iluminación, autoconocimiento, discernimiento de los sentimientos de otros, entendimiento de la naturaleza y significado de la existencia y un profundo desarrollo de las virtudes que incluyen en especial el amor, la bondad, la compasión, la sensibilidad, el perdón, la paciencia y la generosidad. La contemplación mística está detallada en la mayoría de las tradiciones (hindú, judía, cristiana, islámica).

Ninguna institución religiosa nos puede transformar sino que es nuestra la responsabilidad para avanzar con disciplina en el propio sendero espiritual hacia la totalidad, la santidad y la acción compasiva basadas en el amor y la amabilidad.

La espiritualidad no es algo que se opone a la religión; más bien está incluida en las distintas tradiciones religiosas. Cada una de las grandes religiones tuvo su origen en la conciencia mística y posee métodos para ayudar a desarrollarla.

El Hinduismo se remonta a los rishis, sabios de la India que vivían en los bosques y, como otras tradiciones, experimentaron la divinidad mucho antes de que existiera el concepto de Dios.

En forma similar la tradición Budista debe su origen al proceso interior de iluminación de Siddhartha Gautama Sakyamuni, conocido como Buddha, el Iluminado.

En relación con las tradiciones occidentales: la Judía tuvo su origen en la experiencia mística de patriarcas y profetas que perciben a Yahveh como la Presencia Misteriosa que les sale al encuentro; la Cristiana que tiene su origen y vida en la conciencia interior de Jesús, el Hijo Encarnado de Dios, acerca de su Padre, y Padre de todos, el Señor y la Islámica a partir de la revelación hecha por Allah a Mahoma por intermedio del Arcángel Gabriel.

Transformación interior

La visión que tiene una persona de la realidad, la vida y el mundo pone en evidencia sus deseos y motivaciones, los cuales por lo general suelen ser metas egoístas.

Transformarse significa generar en la persona cambios fundamentales y permanentes en su comprensión interior, una voluntad inspirada en el amor y alineada con la búsqueda del mayor bien, una personalidad compasiva y misericordiosa, sensible a las necesidades y vulnerabilidad de los demás, una memoria despojada de todo lo  innecesario o destructivo que  bloquea nuestro crecimiento, una imaginación receptiva a lo trascendente que genere una visión más amplia del mundo, la realidad, la vida, la verdad, un inconsciente purificado en el control que ejercen sus deseos, una conducta que se expresa por medio de una acción compasiva, amorosa y amable.

Al comenzar el proceso de trasformación el centro comienza a desplazarse hacia la divinidad, los demás seres sintientes, la comunidad… Su foco ya no está exclusivamente centrado en uno mismo.

Todos los seres humanos poseemos la dimensión espiritual en común: es el punto de  encuentro al que todos podemos acceder, un territorio muy significativo para el diálogo y la exploración de experiencias.

Dice Tenzin Gyatso, el Dalai Lama, que Tenemos la responsabilidad universal de cambiar el curso de la historia, guiándola en una dirección más positiva, generar un orden universal que trabaje para el bienestar de toda la humanidad y todos los seres sintientes. Una civilización que tenga corazón, una sociedad planetaria inspirada por los valores más profundos de la familia humana: amor desinteresado, compasión, amabilidad, compartir, no dañar. Todo esto sumado a la eliminación de la pobreza, de la falta de vivienda, la enfermedad, el hambre, la violencia doméstica y las armas de destrucción masiva puede hacerse realidad hoy, en nuestro tiempo si tenemos la voluntad de trabajar para lograrlo. Tenemos esta responsabilidad, individual y colectivamente, y esta responsabilidad se hace extensiva a toda la tierra. Si podemos visualizar esto, entonces habrá alguna alternativa.

En los tiempos que corren hace falta cada vez más que haya personas capaces de expresar una profunda reverencia por la vida, que sean plenamente conscientes de las consecuencias de sus acciones, que practiquen la moderación y tengan medida en todo lo que dicen o hacen sabiendo cuándo detenerse, que lleven una vida de simplicidad cotidiana enfocada en el bien común, que sepan celebrar y agradecer con humildad y que tengan una irresistible necesidad de justicia.

La espiritualidad de hoy nos pide:

  • Capacidad moral actualizada. Ser buenos por naturaleza, disposición y elección sin necesidad que haya alguien permanentemente machacándonos los preceptos. Una vida espiritual genuina no es posible sin un compromiso moral operativo.
  • Solidaridad con la tierra y todos los seres que habitan en ella. Todos estamos interconectados entre nosotros, los demás seres y la tierra. La interdependencia es una condición humana que se hace extensiva a los aspectos sociales, económicos y políticos.
  • No violencia. Al darnos cuenta de la realidad intrínseca de nuestra interconectividad nos volvemos profundamente no violentos. A medida que crecemos en sabiduría y comprensión no deseamos dañar nunca a otras personas y tampoco a otros seres sintientes. Si de verdad queremos generar una transformación en el mundo asumiremos el compromiso absoluto de la no violencia, tal como lo asumieron Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Thich Nhat Hahn y el Dalai Lama (Tenzin Gyatso).
  • La humildad del corazón es la que nos permite ver la verdad sobre nosotros mismos y centrarnos en los demás, sin ningún deseo de manipularlos a ellos o a la realidad. Se trata de respetar a todos los seres en su libertad y dignidad y no anteponer nuestras necesidades. Nos da la perspectiva para superar obstáculos, caídas y decepciones, manteniéndonos con honestidad en el camino espiritual.
  • Compromiso con la práctica espiritual. La práctica diaria es signo de madurez espiritual. Puede incluir meditación, oración, canto, liturgia y otros rituales, yoga, t’ai chi, lecturas espirituales, caminatas y comunión con la naturaleza.
  • Autoconocimiento maduro. Para lograr una verdadera experiencia de unidad, crecimiento, transformación es preciso conocer profundamente nuestras motivaciones evidentes así como también las inconscientes. Admitir humildemente nuestras faltas y la incertidumbre de nuestras virtudes nos mantiene en el camino de la auto trascendencia.
  • Simplicidad en el estilo de vida. Hay suficiente para todos en la tierra si somos capaces de verlo. De este modo, si vivimos simplemente, otros podrán simplemente vivir.
  • Amor en acción y servicio compasivo. No existe una vida espiritual genuina si no trasladamos esto a nuestro accionar. Cuanto más conscientes seamos más activos nos volvemos en amor, amabilidad, compasión y sensibilidad que excede nuestras limitaciones humanas haciendo emerger las intenciones de una persona de buen corazón, un ser perfeccionado, que manifiesta la santidad en su vida.
  • Voz y acción profética. Es la persona que se compromete proféticamente con el mundo y responde al sufrimiento de los otros. Está siempre lista a arriesgarse por la paz, la justicia, la equidad, el medioambiente, el amor, la bondad, la compasión y la sensibilidad ante las necesidades de los demás. Es un indicador de cuán real y madura es nuestra espiritualidad.

Del libro “Namaste” de Claudio Marquez. Uriel Ediciones, Buenos Aires.

8 pensamientos en “La espiritualidad de hoy

  1. Así es Así Será mi querido Sensei!!! 🙌🙌 Gracias mi querido Maestro, por ésta sabia y excelente reflexión sobre la espiritualidad, para recorrer éste camino desinteresado, con la bondad, la luz, la energía de Satori, armonía, amor y paz. Seguiremos avanzando hacia una espiritualidad plena, certera y madura de nuestro ser interior!!! 😍 ✨🧘✨🕊️🔝🔝👏👏😊 Namasté Maestro 🙏 🙏 Saludos 🙋💕

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