Esperanza para sanar

Hablar de esperanza en los tiempos actuales suena, en el mejor de los casos, a romanticismo sin fundamentos. La palabra esperanza tiene dos significados: “el primero implica convicción, y se da cuando parece probable que vaya a producirse el resultado que preferimos”.

El segundo significado concierne al deseo y surge cuando te preguntas qué te gustaría que suceda en el mundo, tu vida o tu situación. Es este tipo de esperanza la que pone en marcha nuestro viaje: saber lo que esperamos y lo que nos gustaría o encantaría que aconteciera.

Aquello que pensamos y decidimos acerca de la esperanza es lo que resulta decisivo. Una mirada es negativa y pasiva en la que esperamos que agentes externos sean los que resuelvan todo. En el otro caso nuestra respuesta es positiva y activa, siendo nosotros los que producimos los cambios hacia lo que nos gustaría ir.

Reiki es una práctica que hacemos, más que algo que tenemos. Es un proceso que podemos aplicar a cualquier situación: no requiere de optimismo por nuestra parte, podemos aplicarla incluso en ámbitos en los que estamos desesperanzados.

La fuerza orientadora es la intención, elegimos lo que nos proponemos ocasionar, favorecer o expresar. En vez de pasar a la acción sólo cuando nos sentimos esperanzados, nos centramos en nuestra intención y dejamos que nos guíe.

Esta es una de las claves de reiki que no muchos saben. Quizá sientas que es necesario que algo pase desde lo externo, sin antes darte cuenta que todo lo que tiene que venir, proviene de tu ámbito personal, donde la intención que proviene de la esperanza positiva, es lo que más importa.