Kototama, sanacion suprema

El sonido ha sido considerado desde tiempos inmemoriales como el vínculo directo  entre lo  divino y lo humano.

Desde siempre los filósofos han estado interesados en el lenguaje y su conexión psicológica con la humanidad por la importancia del mismo y su expresión en la comprensión del proceso del pensamiento. Su influencia va más allá de lo físico e interaccionan con nuestros aspectos espirituales.La mayoría de las antiguas tradiciones reconocía el poder del lenguaje y de la palabra hablada. Sus maestros sabían de este poder beneficioso que atrae bendiciones, da poder y coraje, alivia dolencias y provee fortaleza y bienestar. Las tradiciones orales y leyendas eran tomadas muy en serio y se recitaban solamente en ocasiones de celebraciones y festivales sagrados, pues era allí donde se convocaba todo su poder. Los discípulos debían probar su amor a la humanidad y demostrar que estaban libres de egoísmo antes de recibir las enseñanzas que eran cuidadosamente dosificadas por su maestro. Así se aseguraba el maestro que el estudiante aprendería la importancia de las palabras y su significado correcto. Debían aprender primero a estar en silencio, para luego hablar y saber no sólo cómo hacerlo sino también cuándo y donde, comprendiendo el pleno potencial, significado y alcances de cada palabra.

En la Escuela de Pitágoras[1], los estudiantes que buscaban aprender el significado oculto del lenguaje y las palabras de poder, debían “des-aprender” el lenguaje vulgar y asumir el silencio como una realidad de vida y trabajo durante los primeros cinco años para, así, saber cómo guardar un secreto y no divulgarlo a través de sus palabras o aún de sus pensamientos.

Las palabras y sus sonidos vibran y resuenan en las distintas partes del cuerpo, chakras, órganos, estados mentales, emocionales o de consciencia. Algunos tienen poder sobre los aspectos físicos mientras que otros pueden influir sobre las emociones.

En gran medida, el poder de las palabras depende de la profundidad de la que proceden y del grado de iluminación de quien las pronuncia.  Eso pasa cuando sentimos que las palabras de alguien penetran en nuestro corazón como si fuesen lenguas de fuego. En cambio hay otras personas que pueden repetir algo cien veces sin que nos llegue.

Vemos también cómo los avisos comerciales, mediante trucos psicológicos, utilizan el lenguaje para manipular nuestras energías, emociones e ideas orientándolos hacia el consumo de determinado producto. Los medios de comunicación social tienen una gran responsabilidad, para bien o para mal, en su modo de influir sobre las personas, sus opiniones y comportamientos.

Hay lenguas que aún hoy se consideran sagradas debido al poder que encierra el sonido de sus palabras.

El sánscrito, por ejemplo, a  pesar de ser una lengua muerta, sigue siendo empleado por los yogis debido a que los efectos sonoros de sus palabras favorecen el estado meditativo.

La voz es una expresión de nuestro espíritu y personalidad. Cuando damos voz a nuestros pensamientos estamos dándoles energía para hacerse realidad. Por eso es tan importante ser conscientes de lo que decimos cuando hablamos. El pasado no lo podemos cambiar pero son nuestros pensamientos expresados en voz alta los que van perfilando nuestro futuro.

Kototamakotodama significa literalmente “espíritu del lenguaje”, “poder del lenguaje” o “sonido sagrado” y se refiere a la creencia japonesa en que hay poderes místicos que residen en palabras y nombres. Esta noción sugiere que los sonidos y el uso de palabras rituales influyen sobre los objetos, sobre nuestro entorno, cuerpo, mente y emociones.

Una de las expresiones que representan a Japón es kototama no sakiwau kuni, “la tierra donde el trabajo misterioso del lenguaje trae bendición”

La misteriosa resonancia de las palabras-semilla del kototama da cuerpo al lenguaje, la poesía, la plegaria y el canto más allá del nivel físico.

[1]   Pitágoras fundó una escuela filosófica y religiosa en Crotona, al sur de Italia, que tuvo numerosos seguidores. Se llamaban a sí mismos matemáticos, vivían en el seno de esta sociedad de forma permanente, no tenía posesiones personales y eran vegetarianos. Hasta 300 seguidores llegaron a conformar este grupo selecto, que oía las enseñanzas de Pitágoras directamente y debía observar estrictas reglas de conducta.

15 pensamientos en “Kototama, sanacion suprema

  1. Asi es maestro!!mediante la palabra podemos construir o destruir,por eso es tan importante cuidar las palabras,Gracias!!!

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