La intención nunca da en el blanco

Podemos pensar, pedir, creer. De todas maneras la vida es más sutil y nos enseña a fluir, palabra que sabemos de memoria, pero que no siempre terminamos de comprender, ego mío!La enfermedad es un gran maestro, porque nos vuelve vulnerables, fuera del control de nuestras intenciones, perecederos, dependientes de los demás,, agradecidos por los momentos de salud.

Aunque no podamos realizar lo que nos propusimos en esos días de reposo, es una enseñanza bien buena. Al captarla, mejoramos nuestro estado.

No vale de nada preocuparse.

A propósito de ello, puede que nos demos cuenta de que la dolencia viene de una causa concreta. Muchos piensan que es del estilo de vida o del estrés. Pero no es así. Es del estilo de alimentación.

En los alimentos está la clave y aunque la alimentación orgánica es cara y suena a moda de élites, podemos utilizar lo más simple a fin de que sea económico y no nos traiga alteraciones, sino que nos dé paz mental.

Así como hay comida slow para alimentarse despacio, hay también otro alimento que tienes que probar: la poesía, en tiempos difíciles, es un alimento económico, sutil y eficaz.

Es lenta su lectura, y nos saca de la velocidad de las redes. Podemos comenzar a probar ahora. Elige una para cada día, tu propia guía para una vida más sana, más cerca del “estar bien”, lenta y sin aceleres innecesarios:

Como nadie nos proporciona cuidado, entonces comencemos a cuidarnos por nosotros mismos, es la mejor experiencia de búsqueda en esta vida y el desafío que tenemos por delante.

Comparto la primera contigo:

Yo tengo el corazón puesto sobre el futuro,

puesto en los hijos que de mis hijos vengan,

puesto en el corazón de los que vengan luego,

puesto en los miles que han de vivir mañana.

Tengo puestos mis brazos

en las calles del mundo,

puestos en los hijos que de mis hijos vengan.

Cuando venga hacia la tierra

las mieses desde el aire,

cuando giren los astronautas

en torno de las rosas.

Tengo los ojos puestos

en los números del calendario próximo,

puesto en los hijos que de mis hijos vengan.

Cuando vengan marcando con sus ritmos

el rojo de las fiestas

y tengan en sus manos

tréboles de diez hojas.

Yo tengo los pies puestos

en el camino del tiempo

que se viene

¡Y he de llegar a verlo!

Augusto Tamayo Vargas

2 pensamientos en “La intención nunca da en el blanco

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