Soltar los miedos

El único antídoto para la violencia es la compasión. ¿Y de qué está hecha la compasión? Está hecha de comprensión. Sin comprensión, ¿cómo podemos sentir compasión, aliviar el gran sufrimiento que hay allí? Por eso la comprensión es la verdadera base para que surja la compasión.Entender significa tener una idea clara de las cosas, saber de qué estamos hablando.

Comprender viene del intelecto, de la mente, mientras que darse cuenta es algo que  surge de la conciencia.

Si pudiéramos observar el problema de la violencia en su totalidad, lo comprenderíamos en su esencia de tal manera que ésta cesaría. Se trata de comprenderla tan bien que quedemos libres de ella.

Se trata de ver la realidad, vivir en el presente aquí y ahora y hacernos cargo de quienes somos y cómo actuamos, darnos cuenta de cómo nuestras actitudes, gestos y decisiones nos afectan a nosotros mismos, a nuestras relaciones y a nuestro entorno.

La libertad, requisito imprescindible para la paz

Los obstáculos de la Libertad

Para alcanzar la libertad plena y hacer uso de ella necesitamos tener libertad interior y  disponibilidad para actuar como personas libres.

Hay situaciones que nos impiden lograrla y constituyen obstáculos contra la libertad:

La Ignorancia. Consiste en la ausencia de conocimientos. El mejor consejo para obtener la libertad es abrir horizontes e ilustrar acerca de nuevas posibilidades. Cuando no tenemos acceso a la información y el conocimiento dejamos de ser libres. La información por sí sola no es poder, el conocimiento es realmente poder, la sabiduría es poder.

El Miedo. Es la perturbación emocional producida por la amenaza de un peligro inminente. Se trata de un obstáculo que en casos extremos, puede producir una ofuscación completa de las facultades superiores, por tanto todo lo que se ejecuta en esos momentos pierde el carácter de acto humano, pues el sujeto no puede responder de ello. El miedo a veces lo llevamos por dentro, inconscientemente, aunque digamos lo contrario, y esto condiciona nuestro actuar sumiso.

La Ira. Del mismo modo que otras emociones y pasiones, produce una fuerte limitación en nuestra capacidad de elegir libremente. Las emociones como el odio, la tristeza, la alegría, los celos, la envidia y el enamoramiento, son respuestas orgánicas (de adecuación o de inadecuación, de aceptación o de rechazo) por parte de la persona cuando percibe un objeto afín o discordante. Podemos enamorarnos u odiar con tal fuerza una idea o un sistema, que este sentimiento nos impide actuar con libertad.

La Violencia. Es una fuerza externa, física o psíquica, hasta sutil, ante la cual es difícil o imposible resistirse. Ésta puede debilitar la libertad humana hasta el grado de suprimir toda responsabilidad en lo que se refiere a la conducta manifestada en esos momentos. La violencia puede ser ejercida por una institución, por el poder, por otra persona, y cuando es extrema se convierte en terrorismo.

Los Desajustes Psíquicos. Entre ellos sobresale la neurosis que debilita la libertad debido a que la persona se siente atada a ciertos patrones de conducta, a mecanismos de defensa, a las emociones exageradas. El miedo prolongado —al sistema, a perder el trabajo, a la cárcel— provocado por la violencia sutil produce un sentimiento de impotencia que desequilibra psíquicamente a la persona e impide la autonomía en el actuar.

La mayor parte del tiempo transitamos por la vida sin hacer foco en el presente. Vivimos atados al pasado y aterrorizados del futuro. En lugar de vivir en el PRESENTE oscilamos entre las angustias, culpas, reclamos y enojos del PASADO, reviviéndolas una y otra vez, y los miedos y ansiedades que nos genera el FUTURO con sus misterios, incertidumbres e inseguridades. O bien entre, por un lado, aquellos patrones que desarrollamos a partir de nuestros ANTEPASADOS, referentes, padres y educadores que tal vez no nos valoraron y nos hicieron sentir inadecuados e ignorados, seguimos inconscientemente buscando complacerlos y, por el otro, el QUE DIRAN, el estar pendientes del juicio de LOS OTROS, vivir en función de sus expectativas.

El problema radica en lo que creemos ser: cómo me veo yo en vez de saber cómo soy.

Lo importante es SOLTARSE de todos los falsos conceptos que nos retienen ya sea en el pasado o en el futuro, LIBERARSE DEL QUE DIRAN, LIBERARSE DE LA CARICATURA: YO NO SOY ESA PERSONA.

Para vivir en el presente aquí y ahora necesitamos liberarnos

De quienes NO somos.

De los patrones y creenciasque nos llevaron a construir una falsa imagen de nosotros mismos.

De las culpas y angustias del pasado con sus reclamos y enojos.

De las creencias ‘implantadas’ que nos hacen sentirnos inadecuados, insuficientes y nos llevan a perder la autoestima

De los temores y ansiedades ante las incertidumbres del futuro

De los juicios y expectativas de los demás, del ‘qué dirán’

De los hábitos que nos perjudican y de la programación que nos estanca y no nos deja crecer.

El primer paso consiste en volver al propio hogar, a nosotros mismos. No necesitamos convertirnos en Buda. Necesitamos ser nosotros mismos. Thich Nhat Hanh[1]

  • Liberarnos de la programación del pasado tanto en lo personal y en lo social Catalizar la voluntad y la motivación para realizar elecciones cada vez más iluminadas, independientemente de cómo nos sentimos.
  • Vivir en sintonía con nuestra conciencia y valores más profundos.
  • Participar de un proceso de evolución espiritual y cultural en niveles profundos.

En estos tiempos de transición, aunque nosotros no sepamos cómo mirar, se está entretejiendo un hilo de interconectividad entre los mundos interiores, en lo personal y en lo colectivo; aunque permanezcamos centrados en la discordia, se está creando armonía. Los patrones de la energía de la vida están cambiando sutilmente, las corrientes que vienen de las profundidades están cambiando. La vida está tratando de redimirse a sí misma, tratando de sacarse de encima los escombros de nuestras luchas de poder.

Somos el encuentro entre los dos mundos, el sitio donde los milagros pueden suceder y lo divino cobra vida de una nueva manera. Somos la calidez, el cuidado y la compasión, aún cuando llevemos en nosotros las cicatrices de nuestra crueldad e ira.

Los cambios en la vida son a la vez fundamentales y sencillos, sin embargo, no son fáciles de vivir. Hay fuerzas en acción que nos empujan hacia lo externo, hacia la complejidad. Son fuerzas que nos quitan la alegría y exigen que trabajemos cada vez más duro. Nos conducen a conflictos que no necesitamos, y siempre tratan de oscurecer la simple alegría de vivir, de estar juntos y de apreciar el compañerismo.

La comida rápida y las grandes películas pueden resplandecer y atrapar nuestra atención colectiva, pero sabemos en nuestros corazones que estamos pasando por alto algo fundamental.

No necesitamos ahogarnos en la prosperidad o imponer nuestras creencias a otros. Solamente tenemos que reconocer qué es real y vivirlo a nuestra manera.

Estamos conectados en la unidad a través de la sencillez de nuestros valores humanos de amor, alegría y esperanza. Sólo podemos descubrir esta conexión cuando volvemos a la simple esencia del ser. Cuando regresemos al corazón, podremos ver lo nuevo que está naciendo, cómo va apareciendo una conexión de individuos, grupos y comunidades, cómo están creciendo las redes de interrelación y cómo circula la energía de la vida por esas redes. Si reconocemos estos cambios, podemos ayudar a que la paz fluya donde se necesita.

Una vida de paz funciona de manera diferente a lo que estamos acostumbrados. No forma parte de los esquemas de control. La paz y la libertad van unidas.

Estar abiertos a la paz es dejar atrás muchas de las maneras que definen nuestra vida. Trabajar con la paz significaría que trabajamos con una energía libre de la constelación de opuestos. Esta energía es parte de nuestra naturaleza divina.

[1]        Thich Nhat Hanh es monje budista, poeta, erudito y activista por los derechos humanos. El maestro vietnamita Thich Nhat Hanh es uno de los principales impulsores del budismo zen en Occidente. Desde los 16 años ha sido monje budista y activista social y durante la guerra del Vietnam trabajó incansablemente por la reconciliación de Vietnam del Norte y Vietnam del Sur.

Del libro “Namaste” de Claudio Marquez, Uriel Ediciones, Buenos Aires.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s