Paz, amor y compasión

De la paz nace el amor y se manifiesta en respeto y aceptación. Aunque el mundo es un lugar cada vez más abierto (en muchos lugares conviven diferentes culturas, etnias, religiones y creencias) pues encontramos personas que desean convivir en paz y se han propuesto lograrlo, todavía sigue habiendo aquí y allá tanto gestos de discriminación social que dividen a las personas en clases y destruyen el espíritu solidario generando conflictos y envidias así como de violencia doméstica que aniquila el respeto y la convivencia causando mucho dolor y también de injusticia por la cual numerosas personas no tienen acceso a satisfacer sus necesidades más básicas y llevan vidas precarias.

Todo esto atenta contra la paz al igual que cuando nos dejamos llevar por el desaliento y la decepción, caemos en la melancolía o nos culpamos en lugar de estar alertas y hacernos cargo de enfrentarnos a los miedos que nos paralizan. Nuestra mente tiene un papel fundamental: una mente serena y centrada será un instrumento práctico a la hora de convocar la paz.

 Vamos a mimar la paz que es no violencia hacia uno mismo y los demás y a cuidarla mucho para que nutra nuestra mente, corazón y espíritu.

Para que la paz colectiva pueda existir y haya esperanza de ella, es necesario primero que cada uno individualmente conquiste su propia paz.
Sin lugar a dudas son los actos sencillos los que cambian nuestras vidas y nuestro mundo.

La libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen como base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.

Comenzar por nosotros mismos

La paz comienza con una sonrisa.

El desarrollo de la paz interior constituye una experiencia liberadora para quien la busca conscientemente y una fuente de energía que ayuda a sanar el mundo, trayéndole una armonía duradera. Poco a poco nos vamos convirtiendo en pacificadores, no en el sentido clásico de resolver contiendas sino, más bien, llevando la serenidad en el alma.

Esto incrementa nuestra energía, tanto física como espiritual, y estamos menos propensos a derrochar nuestros recursos en lamentos, culpas e indecisiones.

Entonces comencemos a dar algunos pasos hacia la paz:

* Nos tomamos un tiempo de sosiego para liberarnos y renovarnos.

* Cultivamos la paz y la concordia en casa; seamos más generosos, comprensivos, solidarios, sinceros y calmados con aquellas personas que tenemos más cerca.

* Sintonicemos con el poder espiritual de la compasión.

* Busquemos la tranquilidad profunda, el bienestar emocional y espiritual que redunda en bienestar físico, desconectándonos de todo pensamiento negativo, inútil o inquietante y comprendamos la realidad de “lo que es”.

Preparados, recargados, renovados podemos prestar servicio a nuestro mundo aplicando nuestra energía a la creatividad en vez de usarla para autodestruirnos.

14 pensamientos en “Paz, amor y compasión

  1. VIVO PENSANDO EN LO QUE HICE MAL EN LO QUE ME EQUIVOQUE, EN VEZ DE USAR ESA ENERGIA PARA SER MEJOR Y NO CUESTINARME TANTO Y VIVIR MAS FELIZ. GRACIAS CLAUDIO ME ENCANTA LA TRANQUILIDAD QUE ME DAS AL VERTE Y ESCUCHARTE

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