Sentir pena es amar

En el planeta día a día vamos perdiendo parte de la vida a causa de la destrucción de la naturaleza y un manejo irresponsable de los recursos naturales (muchas veces se trata de pérdidas innecesarias e irrecuperables) y del rechazo de lo sagrado (que nos lleva inexorablemente a una pérdida de luz interior) despierta en nosotros profundo amor hacia la creación en su conjunto y nos compromete. Ante tantas pérdidas a veces la pena se hace insoportable. Admitir la pena nos permite “sentir”, comprometiéndonos de una manera diferente que cuando tan sólo observamos.

Sentir pena es amar aquello que se perdió o que se está perdiendo. Sólo el amor  puede mostrarnos cómo vivir en armonía entre nosotros y con la naturaleza. Es necesario “sentir” lo que está sucediendo para poder salvarnos de los efectos devastadores de la destrucción ambiental y el cambio climático. Todos tenemos en nosotros un océano perdurable de amor hacia ese milagro que es nuestro mundo. El amor a la Tierra es nuestra más poderosa conexión con el planeta en cuerpo y alma.

Ejercicio de visualización:

Nos sentamos cómodamente en algún lugar tranquilo, si fuera posible al aire libre mejor.

Tomamos conciencia de nuestro cuerpo y respiramos lenta y profundamente para eliminar las tensiones.

Pensamos en alguna situación en la cual la naturaleza se está destruyendo o deteriorando que nos afecta de un modo particular.

Visualizamos ahora el deterioro que está sufriendo en ella el planeta debido a los abusos y excesos de la humanidad.

Nos preguntamos qué sentimos respecto a las especies que se van perdiendo a causa de la polución ambiental, la contaminación de las aguas, la tala indiscriminada, o cualquier otra situación de depredación que hayamos considerado.

Prestamos atención a este grito desesperado de un mundo lleno de sufrimiento y agonía. Somos parte de esa Tierra que clama.

Espontáneamente brota de nuestro corazón una plegaria por este mundo sufriente necesitado de sanación. Cada uno a su modo la recita en el silencio de su corazón.

Que la amada Madre Tierra sea bendecida, que pueda regenerarse.

Visualizamos ahora cómo esta plegaria llena de amor desborda nuestro corazón y va sanando, poco a poco, el deterioro: los bosques vuelven a la vida, el agua corre clara y cristalina, se regeneran las especies en peligro de extinción … la vida recupera su dimensión sagrada y la Tierra resplandece en toda su plenitud.

Ahora nos detenemos unos instantes para percibir su latido esencial y disfrutar de sus maravillas. Va creciendo en nosotros una sensación de paz y bienestar.

Pensamos en nuestro compromiso personal para lograr este cambio … Qué puedo hacer desde mi lugar para contribuir a la sanación del planeta.

Pedimos el coraje y la energía necesarios para lograrlo. El poder de lo Divino, del cual todos formamos parte, es mucho mayor que el de cualquier otro poder mundano. Si asumimos el compromiso, es posible sanar la Tierra devolviéndole toda su belleza y armonía.

Abrimos los ojos y nos  disponemos a darle vida a nuestro compromiso.

 

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