Leyenda de la Rosa del Inca

En el templo de las Ajllas, las siempre castas sacerdotisas del Inti, residentes en el Lago Titicaca -único recinto en donde el Sol y la Luna un día al año se encontraban para fecundar las mieses, irradiar la luz y hacer manar las aguas- sólo se abría para dar salida a la elegida por el Inca para prolongar la pureza de la raza. Huaracocha había inaugurado allí el reino de la diosa Pachamama. Sigue leyendo